lunes, 20 de mayo de 2013

MUJER FRENTE AL ESPEJO- PABLO PICASSO


                                         


TEMA: Retrato.        
ELEMENTOS PLÁSTICOS.-   
LÍNEAS: Líneas continuas que transmiten serenidad, además de ayudar a separar planos y organizar el espacio.                                              
VOLUMEN: Modelado por la gradación de los colores.              
PERSPECTIVA: Escorzo. La imagen no ofrece una vista característica de la totalidad.    
LUZ: Luz natural diurna (mujer) y nocturna (reflejo de la mujer en el espejo).    
COLOR: Colores cálidos (amarillo, naranja y rojo) y colores fríos (azul y verde). Pincelada uniforme.   
COMPOSICIÓN: El centro de interés está claramente compuesto por la figura de la mujer. Se trata de Marie-Thérèse Walter, amante de Picasso en los años 30. Su rostro está dividido en dos, mitad sol, mitad luna. El cuerpo a su vez también se encuentra dividido; la parte de la izquierda representa las costillas y la de la derecha, puede ser el vientre de una mujer embarazada o bien, el de una mujer voluminosa.  
La imagen que el pintor muestra en el espejo está distorsionada, utiliza en ella otras formas y colores, más oscuros, transmitiéndonos así la sensación de que no le gusta lo que ve de sí misma. Se trata de una obra equilibrada que ofrece un efecto de unidad. Las líneas curvas producen la sensación de movimiento y suavidad; las líneas rectas transmiten rigidez, estabilidad y solidez. Es apreciable el contraste de tono, de colores y de contornos. Con respecto a la proporción, hay una relación equilibrada entre las partes del todo. Existe tensión, a través de la cual las figuras son atraídas -y en este caso, también repulsadas- provocando la sugerencia del movimiento o desplazamiento.                 
TÉCNICA PICTÓRICA: Óleo sobre lienzo. Tamaño: 162.3x130.2 cm.

COMENTARIO DE LA OBRA             
Los años treinta suponen una nueva etapa en la vida de Picasso, en la que abandona los perfiles rectos y aparecen formas redondeadas  de gran exuberancia, colores estridentes y líneas negras gruesas que perfilan todos los contornos.                                                                                                                                                              La mujer es un tema central que domina la producción de Picasso.; ella es el motor que mueve la mayor parte de su obra. Ya sea recostadas, sentadas o de pie, hay una relación temática entre el erotismo y la quietud de la maternidad.     
La idea de las venus prehistóricas, con deformidad corporal y su consecuente metamorfosis, está presente en varias de sus obras, como por ejemplo, “Las tres mujeres” (1908), “La muchacha ante el espejo”(1932), “La musa”(1935), y “Figura en la playa”(1937).       
En palabras del propio artista: “...lo joven se convierte en viejo, pero yo intento atrapar su esencia, esa que marca que la juventud no se mide por la edad, sino por la osadía del sentimiento, por la capacidad de la aventura, por la trasgresión de las normas establecidas, por el espíritu de libertad.”                                                      
Los caracteres generales del autor se encuentran reflejados en el estilo de esta obra; se puede apreciar su manera de no tomar como referencia lo natural y no sujetarse a ninguna regla, expresando la subjetividad y su mundo interior; mezcla colores sin ninguna restricción y plasma formas con relaciones libres entre ellas. Todo esto es propio del arte abstracto que tuvo comienzo en el S.XX.                                                      
La vida de Pablo Picasso se desarrolla en una época caracterizada por las guerras, pero lo que afectó profundamente al artista fue el estallido de la Guerra Civil española y el bombardeo de Guernica.                                                 
Además de hacerlo en Mujer frente al espejo, en 1932 el artista retrató a Marie-Thérèse en más de ochenta pizas, entre las que destacan: Desnudo, hojas verdes y busto, Mujer en sillón rojo, Desnudo acostado, El sueño, Mujer sentada junto a una ventana.     
                                                                                                                   
CRÍTICA DE ARTE
En las obras de Picasso siempre aparecen las cosas que él ama.             
En este lienzo no hay lugar para las extravagancias, opta por lo cotidiano, lo sencillo, lo miserable.                                                                                                                                   
Al autor no le interesaba el alma de las personas; para él, toda la realidad de la vida se hallaba en la cabeza, en el rostro y en el cuerpo, por lo que no necesitaba pensar en ninguna otra cosa cuando realizaba un retrato.                                   
Creo que Picasso alumbró antes que ningún otro pintor el mito vanguardista de la mujer como ente tenebroso y luminoso a la vez, fuente de éxtasis y de tragedia, amante insaciable y devoradora del objeto de su amor.         
Podemos considerarlo a él -y a su obra- la viva imagen de la innovación; alguien que entra por caminos ocultos utilizando sus propias leyes, desafiando con gran valentía los valores de su tiempo.                                                                                                          
En su musa hay una sexualidad desbordante. A través de sus propias experiencias corporales carga su obra de erotismo. Para Picasso la sexualidad no era la confianza en sí mismo de un semental;  se trataba de una dura e insegura lucha, por lo que el sexo para él constituía una fuente de temor y de poder a la vez.    
En el retrato se combina una infinita ternura hacia la mujer pero también una gran devoción por su cuerpo. El pintor ha abandonado las crispaciones del cubismo y ha dado paso al surrealismo, remitiéndonos al sugestivo mundo de anatomías redondeadas, sensuales, tiernas y eróticas.                                                                                                          
La deformación del reflejo de la joven en el espejo llegar a ser un tanto fantasmal.     
En una valoración muy personal me atrevería a decir que estaba reflejando el tipo de romance que tenía con ella, oculto a todos, ya que el pintor estaba casado con Olga Koklova. El reflejo ensombrecido del espejo puede ser, además, síntoma del sentimiento de culpabilidad del autor.                                                                                                                                        

8 comentarios:

  1. Cuidado... no hay scorzo en esta obra. El scorzo es una trazado perpendicular a la horizontalidad del cuadro.

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  2. La informacion esta muy completa, me gusta

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  3. ¡Qué aburridos son los que se aburren con el arte!

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  4. Siempre es interesante saber lo que hay detrás y no quedar con lo de encima..

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